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2 de septiembre de 2016

Mani Navarro Cofré, Museo Mapuche Ruka Mani

“Acá he traído ancestrales recuerdos, ellos hablan y hablarán de la libertad y sabiduría de mi pueblo, que en la vida me dan calma y acompañan, por esto haré más de todo para no olvidar y dar continuidad a nuestra vida mapuche”

Mani Navarro, hace tiempo realizó un diagnóstico informal en varias comunas de la Región de O’Higgins, en donde percibió  “la ausencia de un espacio explicativo del nacimiento de la raza chilena, la inexistencia de la valorización de la cultura mapuche, la consideración de los elementos mapuches solo como objetos de colección, la inexistencia de una proyección  de los objetos mapuches en la cultura de nuestro país, la desvalorización de los ingredientes utilizados en la cocina mapuche como apuesta a un mejor salud de la población, el rescate precario de la identidad y filosofía de la vida étnica, el desvanecimiento de horizontes de significación, que facilitan nuestro acercamiento comprensivo y reflexivo de la diversidad, en el desenvolvimiento de una sociedades globalizada”, explica.

Ante esta realidad y motivada por su historia familiar hoy ofrece a la comunidad que esté dispuesta a escuchar y observar la  vivencia del pueblo al cual pertenece.

“En el inicio de este proyecto se comenzó con aportes culturales en la comuna de Santa Cruz, en Bibliotecas, colegios, Municipalidades y amigos. Posteriormente junto con su  esposo e hijos decidimos abrir en nuestra casa el museo mapuche ya que contábamos con al menos 100 objetos del rescate”.

Actualmente en el Museo se realizan presentaciones con el significado de objetos de continuidad ancestral,  plantas medicinales y degustaciones, además de muestras gastronómicas en ferias y vendimias.

“Soy descendiente mapuche, reconocida por la CONADI, con el conocimiento ancestral derivado de mis vivencias. Desde hace 27 años comencé con el rescate de los elementos mapuches que pertenecían a los antepasados de mi familia desde mis tátara-abuelos el Lonco Tránsito Llancaleo Deumacán. Este rescate me ha permitido reunir una colección aproximada de 300 objetos ancestrales en los cuales existe en cada uno de ellos una historia de felicidad y también de dolor”.

Además de numerosas exhibiciones itinerantes exitosas en colegios, municipalidades, ceremonias religiosas mapuches,  en otras comunas, y para evitar que las piezas estén expuestas a manipulaciones, deterioro y robo, decidió ofrecer a la comunidad de Santa Cruz, regional, nacional e internacional un espacio cultural mapuche lafkenche estable en el Museo Mapuche Ruka Mani.

“Las piezas en exhibición cuentan con la seguridad que corresponde, además el trabajo de preservación y difusión de ellas se realiza en un contexto armónico respecto a la filosofía mapuche. Asegurar la preservación, la herencia mapuche familiar histórica y nacional, se difunde con los mínimos deterioros posibles a las generaciones futuras y extranjeras generando un mayor impacto con este proyecto”.

El ambiente en el museo es grato y acogedor de una infraestructura armónica con lo que se exhibe y con lo que se comunica, la sensación de confortabilidad y seguridad del futuro visitante garantiza una recepción mayor.

Nadie dudó en darme su newen (fuerza)

“Durante el rescate de las piezas no teníamos vehículo, a veces el transporte se realizó en nuestros propios hombros bajo una lluvia torrencial. Cuando explicaba los motivos de mi objetivo a mi gente, a mis hermanos mapuches, y los mirabas a los ojos nadie dudó en darme su newen (fuerza) para lograrlo. Además de entregarme el conocimiento que ellos tenían, de enseñarme y respetar la filosofía del pueblo mapuche sin hacer distorsiones, hoy miro hacia atrás y me doy cuenta que lo estoy logrando. Es demasiado grande lo que hago por el esfuerzo familiar que se hace en difundir mi cultura, pero demasiado pequeño en comparación con la grandeza de mi pueblo mapuche”.