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2 de Septiembre de 2016

Octavia Mendoza: amor por el turismo

Esta empresaria ollagüina ha superado los obstáculos que le ha puesto la vida para alcanzar su sueño y lograr emprender en el turismo. Acá nos cuenta su receta para alcanzar el éxito.

 

Ollagüe es una pequeña comuna de la Región de Antofagasta. Se ubica en el extremo noroeste de la Provincia de El Loa, a ciento ochenta y ocho kilómetros de Calama, y limita al norte con la Región de Tarapacá, al oeste y al sur, con la comuna de Calama y al este, con Bolivia.

 

Allí vive Octavia Mendoza, quien lleva toda una vida a más de 3.660 metros sobre el nivel del mar, a los pies del Volcán Ollagüe. El nombre de la localidad deriva del aymara que significa bella vista. Y no es casual: en el lugar se tiene una maravillosa vista de sierras y volcanes que están por sobre los cinco mil metros de altura.

 

En este paraíso desierto, esta esforzada mujer ha sabido encontrar en el turismo la fuente de sustento para ella y su familia. Siempre ha sido una emprendedora, nunca le ha gustado trabajar apatronada porque –explica– “un trabajo se debe ejercer de forma libre”. En sus inicios, Octavia vendía comida en los trenes de carga y de pasajeros que funcionaban cuando era adolescente. Con el tiempo, se fue acercando al turismo y hoy es dueña de Pay Tambo, un hostal que luego acondicionó también como restorán.

 

Quechua de descendencia, es una de las pocas personas chilenas que maneja la lengua de forma completa. Su cultura también la transmite en el arte, es una reconocida artesana de tejidos en su comuna y también fuera de Ollagüe, gracias a la gran cantidad de turistas que atiende.

 

Por el año 2006, se inició como administradora de un alojamiento indígena que, en aquellos años, pertenecía a la red de turismo rural que funcionaba en la región. Octavia cuenta que le entregaron un servicio de alojamiento mal administrado y que ella logró ponerlo en valor, generando recursos para la comunidad en el tiempo en que estuvo a cargo.

 

Ollagüe es el último poblado chileno que se visita previo a ingresar a Bolivia, razón por la que existe un flujo importante de visitantes que transita entre los circuitos turísticos que contemplan el ingreso a Uyuni en el país vecino. A su vez, también hay un alto flujo de trabajadores, especialmente de Ferrocarril Antofagasta Bolivia (FCAB) y del tránsito diario de trenes entre Calama y Uyuni.

 

En las cercanías de la localidad, se aprecian los inmensos salares de Ascotán y Carcote, en los cuales se refugia una abundante avifauna del altiplano, con especies como el ñandú, el flamenco, el zorro culpeo, el gato montés andino y la vicuña. Octavia Mendoza, mujer de setenta y tres años, se dio cuenta de todo este potencial.

 

Cimentando un sueño

Una vez que pudo tener mayor contacto con turistas después de la experiencia del establecimiento indígena, Octavia se propuso tener un alojamiento propio: comenzó a tocar puertas, aunque sin tener buenos resultados, ya que, en general, no creían en la idea de un proyecto turístico. No obstante, fue capaz de demostrar que realmente era posible y así consiguió cuatrocientos mil pesos a través de Indap en 2008, los que le permitieron habilitar tres habitaciones y adquirir un refrigerador.

 

Pero no todo ha sido fácil. Ese mismo año, justo después de iniciar su negocio, Octavia sufrió un accidente que dejó consecuencias graves en su cuerpo y por el que tuvo que estar en tratamiento médico por un año entero. Aun así, nunca se dio por vencida: demostró toda su entereza y pudo sostener su hostal luego de firmar un contrato estable con Ferrocarril Antofagasta Bolivia (FCAB).

 

Ya sorteado ese gran obstáculo que la vida había puesto en su camino, para el año 2010, y gracias a los frutos de su trabajo, el hostal aumentó en su capacidad –ahora a siete habitaciones– y se convirtió también en restorán, los que son parte de la oferta turística formal desde 2012, cuando se inscribió en el Registro Nacional de Prestadores de Servicios Turísticos de Sernatur. Hoy trabaja en una nueva ampliación.

 

Gracias al turismo, Octavia ha podido desarrollar su otra pasión. Confiesa que “los turistas aprecian mucho mis tejidos y mi cultura quechua: hay muchos que vuelven únicamente por mis tejidos y así se llevan un poquito de la tradición de mis raíces. Si me encuentro enferma o me siento mal, el solo hecho de atenderlos hace que recupere mis fuerzas y pueda seguir adelante. De esta forma se me olvidan todos los males”.

 

La vida de esta empresaria ollagüina inspira: persiguió su sueño y llama a todas las mujeres a hacer lo propio. Dice que “tienen que seguir luchando, levantarse día a día y buscar proyectos, porque los recursos están ahí. Hay que sobrevivir a los grandes desafíos de esta vida y no dejar nunca nuestros talentos de lado, así como yo nunca he dejado de ser artesana: esto me acompaña hasta el día de hoy”.

 

Octavia Mendoza no se queda ahí e insiste en que todo se puede conseguir. Revela su secreto: “Amar lo que se hace. Hay que gustar del turismo, ser apasionada; yo con todos mis años disfruto del turismo todos los días”.