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Irma Epulef Railef y la Casa de Campo Kila Leufu: “Donde todo adquiere sentido”

21 Diciembre, 2018

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Región de La Araucanía

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Irma fue la emprendedora seleccionada en la Región de La Araucanía para el concurso nacional Mujer Empresaria Turística 2018, que releva el rol de las mujeres en el turismo.


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Un emprendimiento familiar con más de dieciocho años de servicio dedicado al turismo rural y étnico, con experiencia vivenciales en donde los visitantes pueden impregnarse de la vida rural, conociendo las costumbres campesinas. La Casa de Campo Kila Leufu permite una conexión con la naturaleza de Palguin Bajo, localidad perteneciente a la comuna de Pucón.

Este es un servicio de hospedaje que cuenta con cocinería y huertas orgánicas (árboles frutales, hierbas medicinales, hortalizas), animales (vacas, chanchos, ovejas, aves de todas clases), senderos y entornos naturales. Asimismo, los visitantes pueden vivir la experiencia de estar en una auténtica ruka, en donde se realizan conversaciones entorno al fuego mostrando el kimun mapuche. Allí también se invita a los visitantes a degustar comidas típicas.

Irma Epulef Railef, quien fue seleccionada en la Región de La Araucanía para el concurso Mujer Empresaria Turística 2018, cuenta que su madre era una gran quesera de la zona y recibía gente que la iba a ver: “Desde ahí quedé con la experiencia de tratar con gente. Cuando empecé, no tenía recursos para mantener a mi familia, mis cinco hijos y mi campo. Nunca quise salir a la ciudad porque amo la tierra. Fue así que se me ocurrió comenzar a ofrecer mis productos a la gente que pasaba para poder subsistir, mis mermeladas, los huevos, la leche y los quesos”.

El negocio de Irma fue creciendo paulatinamente, por lo que le nació la idea de mostrar un poco de sus raíces campesinas y mapuches a la gente. Quería ofrecer a los visitantes una experiencia total y rural, para poder ayudar a conectar a las personas con la naturaleza y con la sabiduría campesina.

Vivir como un auténtico mapuche en La Araucanía

El emprendimiento de Irma se caracteriza porque ofrece una experiencia completa que incluye dormir, comer, disfrutar del campo y trabajar en el mismo si se quiere. También se hace participe al cliente de la experiencia mapuche, de los rituales y se comparte la sabiduría de cómo realmente vive el mapuche campesino. “La experiencia global es lo que lo hace único, ofrecemos hospedaje, comida, campo y compartir”, explica.

La mayor propuesta de valor de la Casa de Campo Kila Leufu es la memorabilidad de la experiencia, especialmente con los turistas extranjeros que quieren vivenciar la verdadera vida de la región y conocer las costumbres ancestrales de La Araucanía. Así lo explica Irma: “Mostramos lo que somos, cómo vivimos, cómo cultivamos y preparamos nuestra comida, nuestros tiempos y los de la naturaleza. Todo eso hace de cada visita una experiencia única”.

Históricamente, las mujeres han estado relegadas a las labores de la casa. Esto mismo lo sintió esta emprendedora en sus inicios. Cuenta que, al empezar el negocio, “la principal barrera fue mi marido, a él no le parecía que yo trabajara en algo diferente. Por suerte, mis hijos me apoyaron y poco a poco fui desarrollando mis ideas”.

Otro gran obstáculo para ella fue el desconocimiento del rubro del turismo ni cómo tratar con las personas. “Afortunadamente, mis primeros turistas fueron todos extranjeros y me ayudaron a entender cómo funcionar. Fui aprendiendo qué buscan las personas de una experiencia turística”.

A sus setenta y siete años, el relato de Irma Epulef Railef es ejemplo para muchas mujeres del país que encuentran mil barreras al momento de buscar independencia económica, traspasa generaciones: “Vengo de un linaje que fue muy estigmatizado –relata– y con una crianza en donde la mujer debía seguir al hombre y hacer caso a sus padres sin posibilidad de argumentos o siquiera pensar en algo diferente. Vengo de un linaje de mujeres fuertes, de aquellas que daban a luz a sus hijos en casa y, al día siguiente, estaban en el campo, trabajando la tierra y cuidando a los hijos. Soy de esas mujeres resilientes que no les asusta el trabajo duro; pero ese trabajo duro de verdad, de ser la primera en levantarse y la última en acostarse, de criar, mantener la casa, a la familia y trabajar, de no parar ni un momento, de no conocer el descanso ni siquiera en la enfermedad. De mujeres que son el soporte de la familia, el eje central donde todo adquiere sentido”.

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